Las monedas, haraganas, no se encuentran ni se van. Descubre su escondite, y una fruta caerá del cielo, entrará por tu tímpano mojado, y hundirá un gluteo triste y derrapado.
Dónde está, entonces pregunta la cigüeña, la moneda de mis amores? La necesito, sin ellas, no vivo, sin ellas, no viajo, sin ellas, no bebo ni encuentro paz en el final de mis días araganes.
La gran pregunta, mi señor y salvador, aún no encuentra respuesta: Dónde, oh, están las monedas?
miércoles, 29 de julio de 2009
Suscribirse a:
Entradas (Atom)